Durante buena parte de mi vida profesional, mi trabajo consistió en que determinadas tareas dejaran de hacerse a mano. Entré en la banca cuando muchos procesos ocupaban a personas durante horas: cuadrar cifras, repasar listados interminables, repetir comprobaciones que casi siempre salían bien y de vez en cuando no. Con los años, una parte importante de ese trabajo se automatizó. Y observé algo que entonces no supe nombrar y que ahora me parece evidente. La automatización no eliminó el trabajo. Cambió cuál era el trabajo que importaba. Cuando observo hoy la llegada de la IA a los despachos profesionales, veo muchos paralelismos con lo que viví entonces.
Lo que de verdad pasa cuando algo se automatiza
La idea más extendida sobre la automatización es que sustituye a las personas. Lo que yo vi fue otra cosa. Cuando un proceso repetitivo se automatiza, lo primero que desaparece es la parte mecánica: la que no requería pensar, solo ejecutar con cuidado. Pero esa parte rara vez era la que más valor aportaba al cliente. Consumía tiempo y exigía atención, pero no era donde normalmente se ejercía el criterio profesional. Lo que quedaba después era justo lo contrario: interpretar lo que el sistema no sabía resolver, decidir qué hacer con las excepciones, entender por qué un dato no cuadraba. Y eso seguía dependiendo de personas que sabían. El cambio no fue que sobrara gente. Fue que el conocimiento y la experiencia pasaron a estar en primer plano, porque ya no quedaban tapados bajo una montaña de tareas rutinarias. Quienes dedicaban la mayor parte de su tiempo a tareas mecánicas tuvieron que adaptarse. Quien entendía el porqué se volvió más necesario, no menos.
El tecleo no es el trabajo del asesor
Llevo un tiempo dándole vueltas a cómo se traslada esto a los despachos y las asesorías. Hay una parte del día que se va en introducir datos de facturas recibidas: abrir el documento, leer proveedor, fecha, base, IVA y concepto, y pasarlo al programa de contabilidad. Una factura tras otra. Es un trabajo tedioso, repetitivo y propenso a errores cuando se acumula. Pero, sobre todo, no es ahí donde está el valor principal de un asesor. El valor está en saber si un gasto es deducible, en aplicar el tratamiento fiscal correcto, en detectar lo que parece bien pero está mal, en responder al cliente cuando pregunta y en asumir la responsabilidad de lo que se presenta. Un cliente no contrata a un asesor por su capacidad para introducir datos, sino por su criterio profesional. Lo contrata por su criterio. La extracción de datos de facturas mediante IA actúa precisamente sobre la parte tediosa. Reduce o elimina el tecleo. No sustituye el conocimiento profesional.
Lo que no se delega
Conviene ser honesto con los límites, porque aquí es fácil prometer más de lo que la tecnología realmente ofrece. Una herramienta de IA puede leer documentos y extraer datos. Puede hacerlo con formatos muy distintos, incluso con fotografías, PDFs complejos o documentos escaneados.
- Pero no decide por el profesional.
- No interpreta la normativa fiscal por él.
- No responde ante el cliente.
- Y desde luego no responde ante Hacienda.
La responsabilidad sigue siendo de quien firma el trabajo, aunque el dato lo haya extraído una máquina. Por eso los datos extraídos se revisan. No porque la herramienta falle constantemente, sino porque la última palabra debe seguir siendo humana. Delegar la mecánica tiene sentido. Delegar el criterio es otra cosa.
Por qué la experiencia sube de valor, no baja
El miedo habitual es pensar que la IA va a sustituir al profesional. Yo lo veo de otra manera. Lo que la IA se lleva es la parte del trabajo que consume más tiempo y atención, pero donde normalmente no se ejerce el criterio profesional que aporta más valor al cliente. Lo que queda es precisamente aquello que cuesta años construir: conocimiento, experiencia, criterio y capacidad para resolver situaciones que no aparecen en los manuales. Eso no se automatiza fácilmente. Y cuando deja de quedar enterrado bajo tareas rutinarias, se vuelve más visible y más valioso. No digo que nada vaya a cambiar. Cambiará, y bastante. Quien siga vendiendo únicamente horas dedicadas a tareas mecánicas probablemente tendrá más dificultades. Pero quien aporte criterio profesional tiene más que ganar que perder. Ya vi algo parecido una vez, en otro sector y con otra tecnología. Y creo que volverá a ocurrir.
Lo que desaparece es lo tedioso
Si la IA tiene éxito en los despachos, no será porque sustituya el conocimiento. Será porque elimina parte del trabajo que impedía utilizarlo donde realmente aporta valor. Lo que desaparece es lo tedioso. Lo que queda es lo que sabes.
Dónde encaja una herramienta como Billexia
Billexia hace una cosa concreta: extrae los datos de las facturas recibidas —PDF, fotografías, documentos Word, Excel o escaneos— y los devuelve estructurados, teniendo en cuenta las particularidades fiscales españolas y las conversiones de divisa necesarias. Es decir, se ocupa de la parte tediosa para devolverte tiempo y permitir que te centres en aquello por lo que realmente te contratan. No pretende sustituir tu criterio. Pretende quitarte de encima lo que no lo necesita. Si quieres probar Billexia Puedes hacer una primera prueba sin registrarte en billexia.com: hasta tres facturas cada 24 horas para comprobar qué resultados obtienes con documentos reales. Si te convence y quieres participar en la beta ampliada, escríbeme a cfresco@billexia.com indicando a qué te dedicas y cuántas facturas recibes al mes. Voy incorporando usuarios poco a poco para trabajar con casos reales y mejorar el producto a partir del feedback directo.
Quién escribe esto Carlos Frescó. Cuarenta y nueve años trabajando en informática, de ellos los últimos veintinueve en la banca española. Jubilado del puesto de responsable de explotación IT en una entidad bancaria y fundador de Billexia. He pasado buena parte de mi carrera viendo cómo el trabajo repetitivo se automatizaba y cómo, lejos de hacer innecesarias a las personas, acababa haciendo más visibles y valiosas a las que realmente sabían resolver los problemas cuando aparecían las excepciones. Es una historia que creo que se va a repetir.