Mi primer trabajo en informática fue en un centro de cálculo en 1977. Tenía 19 años. La máquina era un IBM 360/20 con 12 KB de memoria total, de los cuales solo 8 eran utilizables. Tenía dos unidades de disco extraíbles de 5,4 megabytes cada una, las que en el sector llamábamos “tartas” por su forma de plato circular. Los datos llegaban en fichas perforadas de 80 columnas que preparaba un equipo de perfoverificadoras. El centro de cálculo procesaba para distintos clientes: operaciones bancarias de una entidad (ingresos, cheques, todo lo necesario para calcular los saldos diarios), contabilidades y nóminas de empresas.
Para que te hagas idea de la escala: aquellos 5,4 megabytes de cada disco eran considerados muchísimo espacio. Hoy, una sola foto que hace tu móvil ocupa el doble.
Han pasado casi 50 años desde aquel centro de cálculo. Hoy estoy construyendo un producto SaaS con inteligencia artificial, solo, desde mi casa de Madrid, conversando con una máquina. Entre aquel IBM 360/20 y este momento he visto cuatro grandes transformaciones de la profesión. Merece la pena contarlas porque la última, la que estamos viviendo ahora con la IA, es difícil de calibrar sin perspectiva. Y la perspectiva la dan las anteriores.
Buenos Aires, los primeros años (1977-1990)
Empecé como operador del IBM 360/20 mientras estudiaba. Mi primer contacto con la informática había sido un curso de COBOL durante el bachillerato. Después vinieron dos años en la Universidad de Buenos Aires y tres años en el Instituto ORT, donde obtuve una formación técnica equivalente a una diplomatura. Estudiaba y trabajaba simultáneamente, como hacía mucha gente entonces.
Entre 1981 y 1984 trabajé como programador en COBOL y RPG sobre equipos IBM System/3 y Bull, los ordenadores que dominaban la gestión empresarial de la época.
Entre 1984 y 1988 alterné COBOL en sistemas Bull con desarrollo en Basic y Pascal sobre MS-DOS. Los PCs empezaban a colarse en las empresas, primero como herramientas auxiliares, después como sustitutos de los miniordenadores. Era el inicio del cambio: el procesamiento dejaba de estar centralizado.
En 1988 llegó un cambio importante: empecé con UNIX, primero en soporte y atención a clientes. UNIX abría una alternativa nueva a los sistemas propietarios que habían dominado hasta entonces y empezaba a colocarse en empresas medianas.
España: preventa, formación y entrada en banca (1990-1993)
En mayo de 1990 me trasladé a España. Empecé como técnico de preventa UNIX en Wang España. Wang era una empresa estadounidense con presencia internacional, conocida sobre todo por sus máquinas de procesamiento de texto en los años 80. En 1990 estaba en plena reconversión hacia sistemas abiertos.
Entre 1991 y 1993 di un giro: pasé a ser profesor en una empresa llamada Professional Training. Daba formación de UNIX, Word, Excel con macros en VBA, y también certificaba a alumnos en tecnologías de Novell y Santa Cruz Operation (la empresa que comercializaba el UNIX más popular para servidores Intel en aquella época, antes de que Linux lo desplazara).
Enseñar tecnologías te obliga a entenderlas a un nivel distinto. Cuando programas para tu trabajo, te basta con que funcione. Cuando enseñas, tienes que entender por qué funciona. Esos dos años fueron probablemente los más densos de mi formación.
CBNK: los 29 años decisivos (1993-2022)
En 1993 entré en CBNK (antes Banco Caminos) como responsable de microinformática y ofimática. Sería el inicio de los 29 años que definirían el resto de mi carrera. Una etapa larga que dividiré en sus momentos clave.
Primeros años: redes, terminales, herramientas ofimáticas
En 1993 CBNK era un banco pequeño con una sola oficina. La segunda no llegaría hasta 2007 o 2008. Cuando me incorporé, todavía había PCs sin red local funcionando como islas independientes. Las terminales conectadas al AS/400, el sistema central del banco, eran tontas: pantallas verdes con teclados, sin capacidad de procesar nada por su cuenta. Una de mis primeras tareas grandes fue instalar la primera red local con Novell NetWare y topología token ring, y convertir los PCs en terminales 5250 capaces de dialogar con el AS/400 a través de la red. Paralelamente implantamos las primeras herramientas ofimáticas serias en los puestos de trabajo: Word y Excel. Hoy parece obvio que un empleado de banca tenga ofimática; en 1993 había que justificarlo.
Preparación del euro y la migración tecnológica completa
A partir de 1996, con cinco años por delante hasta la entrada en circulación del euro, CBNK empezó a prepararse para el cambio. No fue solo cambiar la aplicación bancaria: fue rehacer prácticamente toda la infraestructura tecnológica del banco.
En 1998 se completó la migración principal. La aplicación bancaria pasó a una plataforma llamada Magic (después renombrada Magic XPA), comprada a otra entidad. La base de datos pasó del AS/400, que se mantuvo unos meses por seguridad y después se desmanteló, a Novell con Pervasive. Con los años, cuando la entidad que vendió Magic fue absorbida por una mayor, CBNK adquirió la propiedad del software y empezó a mejorarlo sustancialmente.
La evolución continuó. La plataforma se migró después a Windows NT, y hacia 2009 la base de datos pasó a Oracle. En total, en algo más de una década, CBNK pasó por cuatro stacks tecnológicos distintos. Cada migración significaba meses de planificación, pruebas paralelas y noches de despliegues escalonados. Pocos sectores exigen tantas migraciones de infraestructura sin que el servicio se detenga ni un solo día.
Lo que desarrollé en esos años
En paralelo a las migraciones, desarrollé varias aplicaciones. Una completa de banca electrónica en Visual Basic. Y ya con Magic, una aplicación de medios de pago con centro autorizador en tiempo real que corría sobre Windows con Pervasive. El centro autorizador era especialmente delicado: cuando alguien pasaba una tarjeta por un terminal de punto de venta, tenía que decidir en segundos si la operación se aprobaba o se rechazaba, consultando saldos y reglas en tiempo real. Los datos resultantes se procesaban después en host con los demás procesos batch.
Responsable de Explotación IT (2005-2022)
En 2005 o 2006 pasé a ser Responsable de Explotación IT, función que mantuve hasta jubilarme. Esa etapa de 15 años fue la más intensa en términos de operación pura: gestionar el equipo responsable de los procesos batch, implantar Control-M para automatizar lo que antes se hacía a mano, resolver incidencias cuando algún proceso se caía, y hacer desarrollos puntuales urgentes.
Antes de Control-M, los operadores lanzaban cada proceso del cierre uno por uno, validaban en pantalla que había terminado correctamente, comprobaban totales contra el día anterior y autorizaban el siguiente paso. Los cierres empezaban al cerrar las oficinas y se prolongaban toda la tarde, muchas veces hasta la madrugada. En los cierres de periodo (mensual, trimestral, anual) era normal que el operador siguiera trabajando bien entrada la noche. Con planificadores automáticos como Control-M, parte de esa carga humana se automatizó.
Pero el modelo seguía siendo el mismo: el ingeniero diseñaba, especificaba, programaba, probaba, desplegaba. Línea a línea.
Un dato relevante para no idealizar la imagen del banco: el equipo de IT nunca fue grande. Durante muchos años fuimos cinco personas haciendo prácticamente de todo. Hasta 2019, nunca pasamos de diez o doce personas en el departamento entero. CBNK era una entidad pequeña en la que cada profesional asumía responsabilidades amplias. No era el típico banco grande con cientos de informáticos.
Cuatro transformaciones en una sola carrera
Viendo hacia atrás, identifico cuatro grandes transformaciones de la profesión que he atravesado:
Primera: de las fichas perforadas a los terminales (años 70 a primeros 80). Pasar de preparar datos en cartulinas con agujeros a teclear directamente en una pantalla fue un cambio fundamental. Eliminó intermediarios, redujo errores, aceleró ciclos.
Segunda: de los terminales a los PCs y las redes locales (años 80 y primeros 90). El procesamiento dejó de estar centralizado. Cada puesto de trabajo se convertía en una pequeña computadora con capacidad propia, conectada por red a recursos compartidos. Esto cambió la productividad individual de los trabajadores administrativos.
Tercera: de cliente-servidor a internet y la nube (años 90 a 2010). El software dejó de instalarse en cada máquina. Pasó a vivir en servidores remotos accesibles desde cualquier sitio. Esto cambió no solo la tecnología sino los modelos de negocio: nacen el SaaS, las aplicaciones web, los servicios sin instalación.
Cuarta: de programar a conversar con la IA (años 2020 en adelante). Esta es la transformación que estamos viviendo ahora. Y es, en mi opinión, la más profunda de las cuatro. Las anteriores cambiaron herramientas. Esta cambia quién hace qué.
Las tres primeras tenían algo en común: el ingeniero seguía siendo el que escribía el código. La velocidad cambiaba, el alcance cambiaba, la tecnología cambiaba. Pero el modelo mental era el mismo: pensar, especificar, programar, probar.
La cuarta es distinta. Por primera vez, el ingeniero ya no es quien escribe el código. Lo escribe la IA. El ingeniero conversa, propone, decide, revisa, ajusta. El conocimiento técnico no desaparece; al contrario, se vuelve más valioso. Pero la forma de aplicarlo es radicalmente nueva.
Lo que viene a continuación
Este artículo cuenta mi recorrido hasta el momento de jubilarme en 2022. Pero la historia no acaba ahí. En realidad, lo más interesante empieza después: cómo se construye software cuando llevas casi 50 años en la profesión y de pronto aparece una tecnología que reescribe las reglas de cómo se trabaja.
En el próximo artículo cuento esa parte. Cómo construyo Billexia desde Madrid, solo, conversando con una IA. Por qué el conocimiento previo importa más que nunca, no menos. Y por qué, después de cuatro grandes transformaciones, esta cuarta era la que tenía que llegar.
Después de pasar media vida automatizando procesos bancarios, hoy aplico esa experiencia en Billexia, una herramienta SaaS que utiliza IA para extraer datos de facturas automáticamente. Si trabajas en gestoría, asesoría o administración de pymes y quieres saber más, puedes escribirme a cfresco@billexia.com.